La aparición de una nueva enfermedad zoonótica es un proceso muy complejo en el que intervienen muchos factores. Sin embargo, hay ciertas actividades humanas que aumentan considerablemente la probabilidad de que se produzcan. Tres aspectos del comportamiento humano son especialmente devastadores y están relacionados con las interacciones entre humanos y animales en el contexto de la alimentación. En este articulo analizaremos el primer factor: la destrucción de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad, lo que da lugar a un mayor contacto y a la propagación de virus a los seres humanos y a los animales de granja, propiciando así la aparición de pandemias.
La trayectoria de esta interacción es alarmante, dado el rápido crecimiento del apetito del mundo por las proteínas. Con un incremento del 15 % previsto en la producción de carne y leche para 2028 debido al crecimiento de la población humana y los niveles de prosperidad, por lo que se espera que el riesgo de que futuras pandemias se vuelvan más intensas y frecuentes, así como el impacto exacerbado de los riesgos relacionados con la alimentación. Este informe demuestra cómo estamos literalmente alimentando nuestro camino hacia la próxima pandemia y cómo un cambio en los sistemas alimentarios supone una estrategia de mitigación de riesgos de gran potencial.
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Depender cada vez menos de la ganadería y de los productos animales puede ayudarnos a preservar los ecosistemas y la biodiversidad, reducir la interferencia con especies de animales salvajes y eliminar la necesidad de las granjas industriales que proporcionan un caldo de cultivo para la aparición y la expansión de las pandemias zoonóticas.
El cambio hacia un sistema alimentario mundial mejor, más sostenible y más resiliente que reemplace los productos animales por alternativas cultivadas y de origen vegetal, se encuentra entre las mejores opciones. Proporciona una solución a múltiples problemas que no solo mitiga los riesgos de futuras pandemias, sino que también contribuye a minimizar crisis paralelas como el cambio climático, el hambre en el mundo y la resistencia a los antibióticos.
Destrucción de ecosistemas y pérdida de biodiversidad
La salud de los seres humanos está directamente vinculada a la salud del planeta y todos los seres que lo habitan. Si bien la mayoría de las investigaciones son claras sobre la importancia de mantener los ecosistemas intactos, las actividades humanas no parecen reflejarlo. En lugar de eso, hay una explotación y disrupción de los ecosistemas siempre creciente, causando que la diversidad de las especies y los hábitats naturales de los animales se reduzcan continuamente.
La sexta extinción masiva: pérdida de biodiversidad causada por los seres humanos
Vivimos en medio de la sexta extinción masiva del planeta y estamos enfrentándonos a una rápida pérdida global de biodiversidad. Por primera vez en la historia del planeta, un evento de estas características ha sido causado por los seres humanos. Nuestras acciones han tenido un fuerte impacto en más del 75 % de la superficie terrestre, alterando significativamente la prevalencia y la composición de su flora y fauna. Una urbanización expansiva, además de un incremento en las actividades comerciales y de infraestructura, motivado por el incremento de las poblaciones y sus niveles de prosperidad, contribuyen significativamente a este fuerte impacto en los que la ganadería desempeña un rol central. Las regiones tropicales con una alta biodiversidad son particularmente vulnerables a esto, y están siendo afectadas por la suma de todos estos acontecimientos. Las consecuencias son dramáticas: más intrusiones y destrucción en los ecosistemas naturales significa una mayor exposición a virus desconocidos y un mayor riesgo de transferencia zoonótica.
La ganadería: un impulsor clave en la destrucción de ecosistemas
La ganadería es uno de los motores clave del cambio de uso de la tierra en todo el mundo, ya que los bosques son talados para proporcionar espacio para los cultivos y los pastos para satisfacer la creciente demanda de carne. Actualmente, el 70 % del agua fresca y el 50 % de la tierra habitable son usadas para la producción de cultivos y ganado, mientras que más del 80 % de las tierras de cultivo del mundo son utilizadas para la producción de carne, huevos y lácteos. Sin embargo, los productos de origen animal solo proporcionan un 18 % del consumo de calorías a nivel mundial.
Comparada con otras formas de agricultura, la cría de ganado es particularmente ineficiente debido a su pobre tasa de eficiencia proteica (es decir, la cantidad de proteínas vegetales necesarias para producir un kilogramo de proteína animal comestible). Los animales de granja necesitan consumir entre 6 y 12,5 kg de proteínas vegetales para producir un solo kilogramo de proteína animal. El consumo de productos animales conduce a intromisiones masivas en los hábitats naturales, con rendimientos muy bajos.
Disminución de la biodiversidad y aumento de la aparición de zoonosis
Actualmente hay una evidencia sustancial que muestra una clara correlación entre la intrusión humana en los ecosistemas y la destrucción resultante de sus hábitats, así como un incremento en el riesgo de transferencia patogénica. Los ecosistemas consisten en comunidades de plantas, animales y microorganismos, además de los componentes físicos y químicos de un medio ambiente o hábitat específico. Las interacciones entre todos los componentes de un ecosistema son altamente complejas, como lo son los efectos de la pérdida de biodiversidad en los patógenos, ya que sus ciclos biológicos, así como sus requerimientos climáticos y de anfitrión, pueden variar en gran medida. Si bien algunos patógenos pueden estar muy especializados en relación con un anfitrión específico, hay otros que tienen un abanico más amplio de anfitriones y pueden cruzar la barrera entre especies más fácilmente.
Los hábitats intactos permiten una composición natural y una distribución espacial equilibrada de las especies, lo que puede resultar en una amplia diversidad de animales y patógenos. Si bien una diversidad alta de patógenos suena como un problema, parece que este no es el caso: la hipótesis del efecto de dilución propone que los hábitats intactos con una alta biodiversidad dificultan mucho más que patógenos como los virus se transmitan y encuentren anfitriones adecuados.
El efecto de dilución: la versión de la naturaleza de la distancia social
Una de las razones para esto es que cuanto más diversa sea una comunidad biológica, mayor es la probabilidad de que haya especies individuales inmunes a un virus o no aptas como anfitrión. En hábitats con una gran biodiversidad, el número de individuos de la misma especie dentro de una población puede ser menor (debido a los mecanismos de regulación natural como la depredación o la competencia entre especies). Como consecuencia, los virus se transmiten de forma más lenta o son detenidos por barreras naturales. En otras palabras, el riesgo de que los patógenos se transmitan se ‘diluye,’ un poco como la versión de la naturaleza de la distancia social. Sin embargo, si un hábitat solo contiene unas pocas especies animales que son anfitriones potenciales para los virus, y esas especies animales son genéticamente muy similares (por ejemplo, como consecuencia de la interferencia humana sobre el medio ambiente), entonces el virus puede transmitirse fácilmente. Y puede volverse tan abundante que existe un riesgo incrementado de que evolucione y adquiera la habilidad de saltar la barrera entre especies e infectar a otras especies, incluyendo a los seres humanos.
El cambio climático: un multiplicador de riesgos
Junto con el crecimiento de la población humana y la destrucción antropogénica de los ecosistemas, el cambio climático también contribuye al incremento en la transmisión de patógenos de animales anfitriones a seres humanos. Las condiciones climáticas cambiantes, como la de las temperaturas medias más altas, pueden cambiar los hábitats tanto de los animales como de los patógenos. Esto incrementa aún más los desequilibrios en los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad, lo que resulta en mayores riesgos de aparición de nuevas enfermedades infecciosas. Además, los cambios en el clima también pueden favorecer la transmisión de enfermedades transmitidas por vectores (enfermedades transmitidas por portadores como garrapatas o pulgas). Ejemplos alarmantes incluyen la malaria o el dengue, que ahora se están expandiendo a nuevas áreas geográficas porque los mosquitos que las transmiten están encontrando condiciones favorables en ellas. No hay duda de que el cambio climático es resultado de las actividades humanas. Uno de los principales motores del cambio climático es la ganadería, que contabiliza un 16 % de todas las emisiones de gases invernadero globales,195 además de contribuir en gran medida a la degradación medioambiental.
Una interacción destructiva, impulsada por nuestras elecciones alimentarias
Nuestras actividades medioambientalmente destructivas nos acercan más a los animales salvajes y a sus patógenos, con frecuencia desconocidos. Esto crea condiciones favorables para que los virus se transmitan, y, en última instancia, facilita el desarrollo de zoonosis peligrosas que tienen el potencial de convertirse en pandemias globales. Si a esta ecuación se añade el incremento en las temperaturas y las condiciones climáticas cambiantes, la amenaza se multiplica de forma sustancial.
Impactos profundos, pero escasa conciencia
Aunque hay un acuerdo extendido sobre los efectos destructivos de este intercambio, hay una conciencia alarmantemente escasa del hecho de que la ganadería es uno de sus motores principales. Cuando se hace hincapié en la preservación de los ecosistemas, los hábitats naturales y la biodiversidad, incluso los expertos con frecuencia fallan al establecer esta conexión. Esto es particularmente desafortunado ya que la ganadería contribuye sustancialmente tanto a la destrucción medioambiental como al cambio climático. A nivel mundial, criamos y sacrificamos a más de 75 mil millones de animales terrestres cada año, y ese número crece continuamente. Criar, alimentar, procesar y transportar estas cantidades impresionantes de animales consume gran cantidad de recursos, incluyendo tierra y agua y, en consecuencia, conduce a impactos masivos en los ecosistemas a nivel mundial.